diumenge, 11 de juliol de 2010

Innovación, cigalas y un número de teléfono de seis cifras

Innovación, innovación e innovación. En todos los cursos a los que he asistido últimamente no se repite otra palabra que innovación. Este término es la clave del futuro y la empresa que no lo asuma está condenada a la desaparición.
O no. El miércoles pasado la noticia más importante del día no fue el gol de Puyol sino la decisiva intervención del Dr. Bordes (Hospital Perpétuo Socorro de Alicante) en una de las arterias del corazón de mi padre. Tras pasar una noche en la clínica y someterse a un cateterismo, el jueves le dieron el alta y, a petición suya, paramos a comer en un restaurante de La Vila Joiosa, Casa Pachell, donde ya han comido (él y mi madre) varias veces.

Explico lo de la innovación porque en ese local, situado cerca del acceso a la autopista AP-7, se dan todos los elementos que lo contradicen, o sea que demuestran que algunos modelos de negocio que parecen caducos no solo sobreviven sino que van viento en popa.

Enumero algunos aspectos: no hay carta (los precios están impresos en folios pegados sobre el cristal de la puerta), las mesas y sillas son propias de los antiguos casinos de pueblo, el marisco hervido lo tenían en grandes capazos de plástico junto a la barra, en el patio exterior los muebles están colocados de mala manera unos sobre otros,... Y por lo que respecta a la comunicación me quedo con un detalle espectacular: en los sobre de azúcar que se sirven junto al café el teléfono del restaurante tiene seis cifras, sí, seis. Es decir, no consta el 96 ni tampoco el más antiguo 5.

Sin embargo, pese a que las características del restaurante podían echar para atrás a cualquiera que se atreviese a entrar, la verdad es que estaba casi lleno (como todos los días, según nos explicaron). Y sigo: la mayoría de los coches que había aparcados fuera eran de gama alta, algunos comensales pidieron langosta, muchos apostaron por cigalas hervidas, hubo quien probó las gambas a la plancha, nosotros comimos un arroz a la marinera excelente y todos pagaron unos precios muy elevados. El género, por cierto, procede casi todo de la barca de pesca del propietario del restaurante.
En resumen, a pesar de los precios y del local en sí, los clientes repiten. Porque el valor del negocio está en el sabor. La presentación no está por encima del ingrediente. Y este ejemplo sirve para pararse a pensar si en determinados casos la innovación consiste "únicamente" en ofrecer un sabor que es el mismo desde hace 40 años.

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