dilluns, 26 de juliol de 2010

Crónica 1: Upsidedown

No es una tarde cualquiera. Porque nunca es igual una inauguración que otra. Siempre con la ilusión del protagonista. J y S se sientan un instante en la entrada de la Casa del Cable. Fuman. Hablan. Fuman. Hablan. Falta más o menos un cuarto de hora y no ha llegado prácticamente nadie. Diez minutos más tarde unos cuantos familiares y amigos forman un corrillo. Ya hay gente. El Creativo dialoga con el Alcalde. Aparece E -periodista- y le coloca a J el micrófono de corbata para cuando se dirija al público. Le pido al Creativo que le haga un tour al Alcalde por las fotos de la exposición en forma de apertura de comitiva... (sigue)


Abro la puerta. Es la hora. La gente empieza a entrar y comienza a sorprenderse. J guía a E -no el periodista sino el Alcalde- por las diferentes series que forman la exposición. Unas imágenes radicales de una chica radical de la Favela radical de Itacare marcan el inicio. Continúa la ruta con un enamoramiento en el Malecón de La Habana. Esas cuatro fotos bailan las unas con las otras tan bien, que pienso que deberíamos cambiar su correlación cada día. Alternar el orden; como se alternan los besos en el amor; como se alternan los pasos en el baile.

Sigue entrando gente. La sala se caldea de perfumes buenos y recientes aftersuns. Veo pieles acabadas de broncear y contemplo piernas bonitas. J y S siguen a lo suyo, ahora enfrente de la foto del maniquí. El Creativo le explica al Alcalde que es su forma de entender Xàbia, que para él este paraje del Mediterráneo desnuda a la gente de sus preocupaciones y los envuelve en una atmósfera de bienestar irrepetible. La foto, es verdad, dice eso.

Después suben -subimos- arriba. Las imágenes de los bailarines en la playa de Salvador de Bahía encantan al personal. Miro con detenimiento una en la que un joven soporta sobre sí la playa entera y pienso en cuánto debe pesar el mundo. Pero paso de los cálculos y le pido a S que me ayude a reclutar a la gente para que J haga un pequeño parlamento. Mientras tanto, el Creativo continúa con sus explicaciones al Alcalde -miran los bailarines de Los Ángeles- y me pregunto si E lo estará grabando todo. Sí, me responde cuando le interpelo.


Por favor, por favor y doy un par de palmas. La gente de acerca y poco a poco guarda silencio. J suelta unas pocas palabras que emocionan a los oriundos. Está junto al Alcalde y a la Concejala, bien; pero las fotos me salen oscuras, mal: tendré que utilizar alguna de las de la entrada a la exposición.

Acaba el protocolo y comienza el reguero de mojitos. Al son del ron, las sonrisas se amplían con el paso de los minutos. J no para de saludar a gente y finalmente se ubica en la terraza junto a unos amigos. Le ha costado lo de tener que hablar. Charlo con S: está muy contenta. Pasan por allí sus dos hijos: D y J, guapos y simpáticos.

Entra más y más gente. Se incorporan más piernas bonitas, morenas, como recién hechas. Pero al cabo de unos minutos llegan mis preferidas. Unos besos y a seguir. Los vasos vacíos de mojito se acumulan. J pasea un cigarro que se quiere fumar pero se detiene a charlar con todos con los que se encuentra. Son sus amigos.

Ojeo las fotos que he hecho y me mola una en la que el Creativo explica algo al Alcalde sobre dos fotos en las que se ve explícitamente al maniquí -tetas y culo, quiero decir- en rincones de Xàbia. Y creo que es verdad lo que me dice J después, que nadie le explicado nunca de este forma el pueblo al Alcalde.

A mí tampoco y no me lo quito de la cabeza. Le sigo dando vueltas: arriba, de lado, abajo. Upsidedown.

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